La arcilla extendida
T.E Hulme
2015
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  • Traducción al cuidado de Juan Antonio Montiel

Dispóngase el lector a una experiencia formidable: la que brinda una inteligencia de primer rango desplegándose en todas direcciones con el ímpetu, la efervescencia, el atrevimiento y la perspicacia de la juventud más inconforme y aventurera.
Está es la primera antología que se publica en castellano de la obra de T. E. Hulme (1883-1917), figura verdaderamente seminal de la cultura contemporánea. Llegó a serlo a pesar de su temprana muerte en la Gran Guerra y de haber escrito apenas un puñado de poemas, aquí incluidos. Entre éstos se cuentan “dos o tres de los más bellos poemas breves que se hayan escrito jamás en lengua inglesa”, al menos al decir de T. S. Eliot, que consideraba a Hulme “el predecesor de una nueva mentalidad, que sería la del siglo XX”.

Mencionado siempre como precursor del imagenismo y por el impacto de su influencia sobre Ezra Pound, Hulme se erige –como observa Juan Antonio Montiel, responsable de la selección, la traducción y el prólogo de este volumen– en “el eslabón perdido, el ancestro común, de dos poéticas enfrentadas: la de T. S. Eliot y la de William Carlos Williams, que definen gran parte de la poesía moderna en inglés”.

THOMAS ERNEST HULME (Inglaterra, 1883- 1917) nació en Grafton Hall, Staffordshire en el seno de una familia de clase media. Estudió matemáticas en Cambridge, donde participó activamente en la bohemia literaria y estudiantil, hasta el extremo de ser expulsado de la universidad por alborotador. Una larga estancia en Canadá, en 1906, donde sintió el fuerte impacto de la naturaleza, determinó el rumbo de sus intereses, que se dirigieron sucesivamente a la poesía, a la filosofía y a la pintura. En 1911, durante un viaje a Italia, conoció a Henri Bergson, que influyó de modo decisivo en su pensamiento. Poco después, en el transcurso de otro viaje, esta vez a Alemania, en 1913, conocería a Wilhem Worringer, teórico de la abstracción, que marcaría su interés por las artes plásticas. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se hizo un ardiente defensor de la intervención de Inglaterra en el conflicto, para resistirse al expansionismo alemán. Alistado voluntariamente, combatió en las trincheras de Flandes, donde un obús terminó con su vida. Hulme era muy alto y delgado; sólo bebía té, era aficionado a los dulces y destacaba por su pasión dialéctica, dispuesto en todo momento a discutir sobre cualquier asunto con quien tuviera ganas de hacerlo. Discusiones en las que se caracterizaba por el modo en que buscaba siempre “la frase ardua, inequívoca, personal”.

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