Thomas Wainewright Portada
colección Vidas Ajenas
THOMAS WAINEWRIGHT, ENVENENADOR
y otros textos fulminantes
OSCAR WILDE

2014, 116 páginas.
ISBN: 978-956-314-273-0

 

Precio de referencia: $10.000

 

 

 

 

 

Aunque varios de los textos que componen este librito de apariencia breve no habían sido antes traducidos al castellano, no es ésa la principal gracia que el lector encontrará en ellos. Al decir del traductor y encargado de la selección, Juan Manuel Vial, estos escritos nos muestran a un Oscar Wilde desconocido, que no figura, ni siquiera como espectro, en sus grandes obras literarias. Preocupado de asuntos espectaculares, como la existencia de aquel admirable envenenador llamado Thomas Wainewright, y de otros más cotidianos, como la decoración del hogar, la filosofía del vestir, las peculiaridades de los habitantes de Estados Unidos y las vicisitudes de las modelos y los modelos en Londres, Wilde se revela aquí como un férreo defensor del buen gusto, sin privarse, claro que no, de lanzar dardos emponzoñados en contra de los falsarios, los académicos y todos quienes, siguiendo una u otra moda, acabaron construyendo horrores, ya fuera en el arte o en la vida misma.

 

 

 

 

 

OSCAR WILDE (Dublín, Irlanda, 1854-1900) se educó en Oxford y de ahí se mudó a Londres, donde su actitud provocativa y su innata suspicacia le reportaron la entrada a los círculos sociales más sofisticados. Defensor del esteticismo, puso en práctica su talento de escritor en varios géneros: poesía, drama, ensayo, cuento, periodismo, y en una novela, El retrato de Dorian Gray. De esa producción, sin lugar a dudas fueron sus obras de teatro (La importancia de llamarse Ernesto, Una mujer sin importancia, El abanico de lady Windermere), sus relatos breves (“El gigante egoísta”, “El fantasma de Canterville”) y el ensayo De profundis los que le concedieron un lugar destacado entre los inmortales de la literatura victoriana. Famoso asimismo por tener a flor de boca una batería inextinguible de frases ingeniosas y por manejar un humor filudo como corvo, Wilde también desafió los cánones morales de su época al no ocultar su homosexualidad tras haberse casado y haber sido padre de dos hijos. El precio que pagó por ello fue demasiado alto: se le condenó a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading y, al salir en libertad, convertido ya en un harapo humano, abandonó Inglaterra y murió en París en tristísimas y miserables circunstancias, el año 1900, a la mezquina edad de 46 años.